lunes, 17 de febrero de 2014

LAS ARTES MARCIALES Y EL PUNTO MING MEN (Cuarto Punto M. M. Vaso Gobernador)

Este punto virtual de acupuntura se encuentra situado entre los dos riñones y es el único que no podemos pinchar de ninguna forma debido a su localización. Es el cuarto punto del meridiano maravilloso Vaso Gobernador. Este canal asciende por la parte posterior del cuerpo a lo largo de la columna vertebral, siguiendo su recorrido hasta la cima del cráneo. Después pasa por el centro de la cara hasta alcanzar la boca. Este meridiano organiza la estructura Yang de las funciones del ser humano.

Si tuviéramos que alcanzarlo con una aguja de acupuntura pinchando desde la parte delantera del cuerpo, perforaríamos los órganos, y desde atrás, tendríamos que atravesar la columna vertebral. Esta situación impide cualquier aproximación física y material. 

De hecho sólo podemos actuar sobre él a través de la intención. Esto lo sabe llevar a cabo un buen practicante de Qigong, que puede utilizar su voluntad (Yi) para estimular Ming Men. Ming Men se traduce muy a menudo como la puerta del destino, y aún tendríamos que ponernos de acuerdo acerca del sentido que le damos a “puerta” y al “destino”.




Ming Men es el punto clave que nos une a fuerzas ancestrales y celestes. Es el primer centro terrestre de nuestra vida, presente ya en el origen del desarrollo del feto. A lo largo de nuestra vida, a través de esa puerta y más o menos lentamente, se destila en nuestro cuerpo el Yuan Qi. El Yuan Qi es la energía hereditaria que permite mantener la vida y que se mezcla con otras energías o Qi procedentes de la alimentación y el aire.

 Por lo tanto, para los chinos el destino tiene un componente espiritual ligado a nuestro mandato celeste, y también un componente terrestre que es la energía heredada, concepto que coincide con el punto de vista de los científicos occidentales. Desde hace ya algunos años en occidente se dice que el ADN celular es el soporte terrestre de nuestra herencia. 

Las últimas investigaciones científicas prosiguen, nuestro saber se abre ahora bastante más allá de la doble hélice de ADN hacia un mundo de conocimiento en el que el ADN mitocondrial parece sostener también una parte de nuestra herencia.

En relación a la herencia, desde el punto de vista práctico, durante los siglos pasados los occidentales se vieron obligados a contentarse con el hecho de constatar que la herencia existe, sin tener otra posibilidad que someterse, admitirla y experimentarla.

 En cuanto al destino, pensaban que era cosa de Dios. La ciencia, a pesar de todos sus esfuerzos, no tiene un gran control sobre el aspecto material de las taras hereditarias. 

Ming Men plantea también la cuestión del talento, del por qué hemos nacido y para qué estamos dotados o predestinados. Aquél que encuentra su talento, su camino, colma su destino. Ming Men plantea la cuestión del éxito personal. Todos nosotros elegimos y en el fondo no sabemos cómo. ¿Es a través de la reflexión, como se proclama hoy día en occidente? ¿Es por el sesgo de las emociones como se pensaba en la Grecia antigua? ¿Es por el vientre en asociación con Qi Hai y Ming Men, o por el Hara o vientre como pensaban los japoneses tradicionalistas? La visión japonesa que sitúa el vientre como centro del ser ha sido corroborada por numerosos investigadores científicos occidentales que han sido ignorados. Su opinión no ha encontrado ningún eco público y tampoco se les ha sostenido financieramente en sus investigaciones. Si Ming es el destino, a la vez escrito y por escribir, Men es la puerta. Una puerta se atraviesa en los dos sentidos. Hacia nuestra vida se vierte cotidianamente el Qi hereditario, pero con nuestra voluntad y concentración podemos atravesar esa puerta.

En la práctica de las artes marciales la movilidad relacionada con la zona de los riñones, de las cinco vértebras lumbares, permite los cambios de dirección. La zona lumbar o koshi se siente como un conjunto unido que permite orientarse y cambiar de dirección. El koshi permite aplicar las decisiones instintivas que tomamos desde el hara. Más allá de la técnica, el aspecto instintivo, importante en todas las prácticas marciales, abre las puertas del Arte y de la dimensión del conocimiento espiritual. 

Cuando dos oponentes se enfrentan y sus niveles de conocimiento instintivo y espiritual son muy diferentes, uno de ellos comienza a interactuar como si conociese los pensamientos y las intenciones del otro, ataca y se detiene anticipándose a los pensamientos del adversario. He utilizado los términos “pensamientos” e “intención”, pero son un poco inadecuados pues en estas circunstancias las cosas suceden tan deprisa que nada pasa en el nivel consciente. La conciencia constata lo ocurrido después del golpe.

Todo esto no se llega a producir cuando los practicantes son principiantes y no han dejado su conciencia ordinaria en el vestuario, o cuando su nivel o talento son parecidos. El combate parece entonces más confuso.


La libertad energética y la relación entre los puntos Ming Men y Qi Hai abre el campo de la práctica. El eje que une estos puntos, atraviesa el vientre por debajo del ombligo hasta llegar a los riñones, relaciona a la vez la sensibilidad y la acción, el pasado y el presente.

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